miércoles, 28 de marzo de 2012

Diario de Ana, 25 de Junio de 1995:

Por: Diana Solís.


Mi querido amigo de notas, rayas y hojas llenas de felices y amargos recuerdos, hoy nuevamente estoy aquí para plasmar lo siguiente, espero no te acabes porque, dónde encontraré otro diario así como tú, de pasta azul, forrado con pequeños dibujos negros en formas extrañas, con hojas que parecieran ser pergaminos y lo mejor de todo, con una cinta color purpura que bajo un suave moño discreto cierra tus páginas, en fin, así inicia esta historia…




Tú sabes que cuando me siento triste no suelo escribirte para no tener que pensar en situaciones que afectaron mi vida, sin embargo esto no podía dejarlo pasar porque no pierdo la esperanza de que algún día al volver a leer esto, pueda comprender un poco de lo mucho que no logro descifrar.


No sé si la juventud por la que vivo sea la causante de tanta estupidez, o al menos eso es lo que he estado pensando últimamente. 


Discutíamos sobre nuestro futuro en su auto, o más bien el de su papá, en ese carrito azul que si bien no era último modelo, siempre nos llevaba y traía a todos lados, siempre estacionado justo en frente de mi casa como todos los días que nos veíamos, pues ahí comenzó todo, yo me quejaba por su falta de atención mientras él me recriminaba mi poca tolerancia y mi poco amor…¿amor?, por qué siempre sale a escena este tema, digo, que discutiéramos no significaba que no lo amara, tal vez habría que meditarlo.


De todas las discusiones que habíamos tenido nunca me imaginé tener una como ésta, llena de preguntas, inconsistencias, comentarios fuera de lugar de años, meses, que si bien parecían haber quedado en el pasado, en ese momento quedaba claro que no era así.


Como no quería que mi pobre corazón sufriera tanto por todos aquellos recuerdos aparentemente enterrados, decidí poner un poco de música en mi cabeza, pensarás que con eso lo único que hacía era juzgarlo loco, pero no era así, digamos que yo no quería gritar y ponerme bien loca, ya sabes lo que dicen, que una mujer enojada es de pensarse, ¿mejor para él no crees?


Durante la discusión hubo varios nombres que jamás me hubiera gustado escuchar como Claudia, méndiga vieja, lo único que recuerdo de ella son esos mensajes con imágenes incluidas que le mandaba a su celular, pero según él ella era la que lo molestaba, ¡sí cómo no!, o que tal Jazmín, que era su amiga, pero cuando se enteró que salía conmigo se hizo la víctima y la dolida porque ella quería con él de años atrás, ahora resulta que yo tengo la culpa… ¡pero claro! ¿No podías dejar atrás a Francisco verdad?, él sólo vino algunas veces a mi casa y no por eso ya me enviaba fotos a mi celular diciéndome lo mucho que me perdía.


Es como si estuviera ciego, de verdad querido diario, solamente veía las cosas malas de la vida como todos en este mundo, pero lo que no entendía era por qué no era capaz de ver más allá, o acaso ¿soy la única que puede ver las cosas buenas y malas a la vez? Decidí bajar del carro porque estaba harta de escuchar tantos reclamos y mejor salí a tomar un poco de aire, para ser sincera no había mucho porque creo que sentía más calor, quiero suponer que era por el coraje que ya traía encima. Esperaba que me dijera algo cariñoso, alentador, poético, algo que me llenara de amor otra vez para correr a sus brazos y decirle lo mucho que lo amo o amaba porque como estaba enojada era típico que no sabía qué sentir en esos momentos de tensión.


Sin más ni más me decidí entrar a mi casa y postergar la pelea para el siguiente día. Nos despedimos con un simple ¡hasta mañana!, él arrancó su coche mientras yo miraba cómo se alejaba rápidamente; por el arrancón que se dio, supongo que iba muy molesto.


Al entrar a mi habitación lo primero que hice fue buscar mi pijama de rayas estilo carcelera y no porque fuera una, pero me gustaba el contraste de las rayas entre sí, además de que me hacían ver más delgada por su forma vertical. En fin, me tiré en mi cama y de repente comencé a soñar. No sé exactamente dónde estaba, avanzaba a paso veloz por ese camino angosto y obscuro el cual no parecía tener fin. En mi sueño sabía que estaba dormida, era chistoso porque quería abrir los ojos y no podía, quería encontrar la luz en mi cabeza o dónde sea que estuviera y tampoco podía, ¿qué rayos estaba pasando?


La angustia empezó a apoderarse de mí, ¿acaso ya no iba a despertar?, eso no podía pasar, aún tenía cosas que arreglar, tenía que tomar fuerzas para mi segunda ronda de pelea, ¡maldita sea, esto no me puede estar pasando a mí! , ya sé que es una frase convencional querido diario, pero en ese instante qué más podía decir. De repente, dejé de ver la pequeña luz del final de ese túnel inmenso, no veía nada, no había otro color en mis ojos que no fuera el negro. ¿Acaso estoy ciega?; al mismo tiempo me preguntaba si había muerto porque el sueño o lo que me pasaba en ese momento no era normal.


Y como por arte de magia desperté, o bueno eso pensaba, hasta que me di cuenta que seguía en mi cama pero sin poder abrir los ojos. No sabía qué hora era, no sabía dónde estaban mis papás y no quería asustarlos ni asustarme, así que me puse a pensar que lo más probable era que seguía durmiendo. Me levanté de mi cama y como era de esperarse choqué con todo lo que tenía, mi buró, mi espejo (que por suerte no se rompió sino serían siete años de mala suerte y no quería imaginarme qué más podía salir mal), como pude abrí la puerta y salí en busca de ayuda, lo necesitaba a él aunque tal vez no iba a contestar mi llamada, decidida marqué a su casa…ocupado ¡no puede ser!, marqué a su celular…ocupado ¡dónde diablos se metió! Y si me lo preguntas era marcado instantáneo por aquello de mis ojos.


El tiempo transcurría y no sabía nada de él, no había nadie en mi casa y supongo que estaba dormida porque esto parecía una pesadilla…mis ojos, mis ojos, no veía nada, la única ventaja era que conocía mi casa, eso me ayudaba a no caer y a no temer demasiado. Mi mente no era la mejor compañera en esas circunstancias pero al menos aún estaba cuerda para pensar por qué me estaba pasando esto, qué yo supiera no había hecho nada malo y dicen que Dios no castiga, entonces algo estaba muy mal.


Pensar no me hizo tanto bien, lo primero que se me vino a la cabeza fue la frase “ojos que no ven corazón que no siente” vaya frasecita, seguramente era una premonición, o que tal “quítate la venda de los ojos”, por Dios, era el karma que me estaba mostrando lo dura que estaba siendo conmigo misma últimamente, a todo le estaba viendo moros con tranchetes y más con él querido diario.


Si eso era no ver, qué mal me siento por todas aquellas personas que jamás lo podrán hacer y sin embargo son capaces de mirar más allá de lo que todos lo hacemos; me dedico a hacer problemas de la nada, a pensar que tengo razón siempre y que según puedo ver lo bueno y lo malo, sí como no, yo no veía nada de nada…


Decidí marcarle nuevamente y como por telepatía me contestó.


P.D. Cuando menos me di cuenta ya estaba besándome con él como si fuera la primera vez, de manera atropellada y con ciertos movimientos torpes entre ambos. Él me miró a la cara y me dijo que no quería volver a discutir de esa forma en la cual sólo tratábamos de hacernos ver los errores una y otra vez como para mostrar quién tenía más opciones y derechos de réplica.


Creo que me quedé dormida en su carro, pero valió la pena.





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