Decisión
Alicia García
Pureza, blanca e
inmaculada que lleva marca de la expresión más sublime de belleza.
Sólo de un pequeño
trozo de roca que sobresalía del acantilado pendía su cuerpo, su vida; desde
sus blancos nudillos hasta su acelerado corazón sentía el palpitar de la
sangre.
Mirando al despejado
cielo, con todas sus fuerzas comenzó a orar y a llamar a quien había dedicado
su vida: a Dios. Oró y oró pidiéndole ayuda. En todas y cada una de ellas le
repetía su gran misericordia, su tan conocida piedad y sobre todo hablaba sobre
lo pura que era, siendo la persona más pura del mundo.
Se dedicó con tantas
fuerzas a orar que Dios escuchó sus oraciones, el limpio cielo fue
desapareciendo bajo el terso gris de las nubes, sin importar a dónde se mirase,
lo único visible eran aquellas tormentosas nubes, un delgado halo de luz surgió
y en unos pocos segundos éste se fue agrandando hasta cubrir por completo con
su calidez a la persona. Desde la luz una celestial voz se escuchó:
- He oído tus
oraciones, yo te salvaría gracias a tu fe con la cual oraste pero... Cometiste
un pecado tan viejo y ruin que he prohibido, la soberbia te ha consumido-
expresó la voz. Al terminar de hablar el halo de luz empequeñeció hasta
desaparecer.
Aquella persona no
estaba dispuesta a morir por lo cual si Dios no la ayudaba el Diablo lo haría.
Con una sola oración
lo invoco, la tierra tembló de una forma débil sólo anunciando al ser más
oscuro de todos. Una estruendosa voz comenzó a hablar:
- ¿Quieres que te
salve? - preguntó irónicamente, a lo que la persona respondió con un tímido sí,
una risa burlona se escuchó. - Tú, no me interesas. Yo sólo deseo ah aquellos
que Dios ame, sólo con esta condición soy feliz al tomarlos. Dios no te ama, él
únicamente ama a quienes tienen las almas más corrompidas. Qué no sabes que él
mando a su hijo solo para que cuidara de las ovejas descarriadas. Llámame sólo
cuando Dios te ame. - finalizó y con otro temblor desapareció.
Realmente no deseaba
morir, no ahí, ni en ese momento. Aun con el dolor que sentía, su otra mano se
afianzó a la siguiente saliente. Subió. Un rasguño por aquí. Otro por allá fue
rasgando su piel y sus ropas dejando carmín y sufrimiento.
La orilla alcanzó y
en un último esfuerzo se elevó con sus brazos e impulso hacia adelante. Se dejó
caer en la tierra y miró el cielo tan lejano, suspiró. Pronto el cielo se
abrió, de él salió un haz de luz que inició como un diminuto punto en el suelo
y creció hasta abarcar una pequeña laguna que sería un oasis, tan brillante y
virgen.
La tierra vibro y la
irónica risa volvió a resonar, no lejos de la persona, la tierra se abrió y un
oasis también emergió de allí. La celestial voz dijo:
- Bien hecho, has
superado la difícil prueba que te he impuesto !Ven y lávate¡ !Orad y cantad mis
alabanzas¡ por qué tu Dios te bendice y da las gracias por ello.
La persona se
reincorporó con dificultad, le dolía todo el cuerpo y sus heridas se habían
llenado de fina tierra causándole ardor y picazón. La tierra tembló antes de
que la diabólica voz hablara y con ese tono irónico inicio:
- ¡Bravo! ¡Bravísimo! deja de lado a ese idiota que te
ha abandonado y ven hacia mí quien nunca te dejará. Sólo te mostraba la
ingratitud del que llamas Dios.
La persona se levantó
y con sus piernas temblorosas, anduvo, paso tras paso se acercó a la mitad del
camino que dividía a ambos. Miró un lado y miró el otro, negando suavemente.
Aun temblando siguió al frente sin retroceder o titubear, camino hasta perderse
en la infinidad del bosque.
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