¿Y ahora qué?
Luis Y. Alonso
Era tarde,
llevábamos horas en el subterráneo comiendo pollo frito y sorbiendo un
líquido que poco a poco ganaba temperatura. Cada uno se preguntaba por qué no
nos habíamos quedado sentados junto a la maquina refil en lugar de
continuar la marcha. Ahora ahí nos descubríamos detenidos en el final del
viaje, masticando el pollo, sudando y aliviando la sed con agua sabor a cola.
Manuel tosió
secamente, los trocitos de comida en su boca fueron expulsados de manera
violenta. Les vi, en una especie de slow motion, girar sobre si hasta
estrellarse en el saco de un hombre. Al parecer nadie se percató de aquello, ni
Manuel, ni el hombre del saco. Sólo los trocitos de pollo y yo sabíamos lo que
había pasado.
Jo! ¿A caso este
cabrón no piensa venir? Se nos va hacer tarde.
Le miré de reojo.
No estaba molesto, fingía en todo momento; cuando no era su estado de ánimo era
su estado físico. Una vez le pregunté por qué lo hacía. Sonrió y me preguntó si
confiaba en él. Le dije que no lo haría mientras no me dijera porqué fingía
todo el tiempo. Puso una cara solemne y mientras tocaba mi hombro dijo: Esa es
la razón. Pensé que me tomaba el pelo, pero con el tiempo lo entendí.
Por la mañana nos
dimos una vuelta al Museo de Arte Moderno, pagué una botella con agua, un
boleto del metro para Manuel y su entrada. Julio no quiso acompañarme así que
llamé esa misma mañana al Manu. La condición fue simple, yo pagaba su entrada y
el iría conmigo. Más tarde reparé que también fue el pollo frito, el refresco,
tres boletos del metro y una aspirina. Como sea no me molestó.
Al llegar al museo
Manuel se recargó en el módulo de recepción y sobó su rodilla. Supe
inmediatamente que no existía molestia en su articulación. Antes de poder
reclamarle ya estaba sentado junto a la recepcionista. Le observé largamente
hasta que se decidió a dejar en paz a la chica que, claro, ya no lo aguantaba.
La verdad es que
había ido sin ningún motivo, cosa rara, sin esperar recibir algo a cambio o
tener que hacer algo por ello. No, solo fui a ver y eso es lo que hice. Manuel
se paraba frente a cada cuadro, escultura o escena con el compás de las piernas
no muy abierto, una pierna frente a otra y con los brazos cruzados se inclinaba
hacia atrás o adelante. A la menor provocación se volteaba y me daba su
veredicto. Era curioso porque él creía encontrar el motivo real de cada pieza,
no solo se limitaba a hablar, también hacía gestos con las manos, señalaba los
puntos importantes, según él, e impedía a toda costa que sus palabras fueran
desapercibidas para cualquiera que estuviese cerca. Maldito farol pensé.
Conforme
avanzábamos se volvía más y más quisquilloso en sus comentarios. No importase
que un guía del museo explicara, a los visitantes, a grosso modo el
estilo de la obra o el pintor. Manuel tenía que interrumpir y señalar lo
errores que a su consideración eran terribles en un guía de museo. Sinceramente
me sorprendía al ver como las personas se miraban impresionadas por el conocimiento
de aquel joven. Ja!
No tardé en
pillarle el juego. Sabía que a Manuel le gustaba toda esa onda del dibujo.
Estudiaba en la ENAP Diseño y Comunicación Visual, pero no hablaba mucho de
ello. Usualmente platicaba sobre
política y ese tipo de cosas un tanto obvias y aburridas, pero nunca de arte,
exposiciones o música. Daba la impresión de que a veces solo decía que iba a la
escuela para mantener bien firme la mentira frente a sus padres. El punto es
que no tenía porque no saber acerca de esas cosas y tampoco tenía porque saber
mucho. Advertí que solo hablaba con más firmeza frente a los cuadros de
Siqueiros, Orozco y Remedios Varo, su excitación era percibida fácilmente.
Contrario era lo que sucedía frente a Frida Kahlo y en general el resto del
museo. Maldito culero pensé. Estaba jugando y nadie, salvo yo, lo sabía.
Después de uno de
sus arremetidas contra un incauto lo aparté de la gente. Le pregunté si el
mismo se creía toda esa bola de patrañas que acababa de decir. Me miró
sorprendido y rió quedamente. No eres estúpido, por eso te acompaño y me
divierto contigo. Eres muy distinto a tu hermano. Claro que no soy estúpido,
¿creíste que me tragaría todo tu choro sobre el subsurrealismo social
mexicano? Cómo crees que te verán cuando encuentres a alguien que realmente
sepa de esto. No lo sé, seguramente se reirán de mi. ¿Y? Y qué. Y pues
que harás. Pues reiré con ellos. Sabes, a veces pienso que mi hermano tiene
razón cuando me dice que eres un pelado e ignorante. Jo! Jo qué. Jo pues que te
enojaste nena. Mira, si no te late lo que hago puedes ver tranquilamente el
museo sin mí, nos vemos en la recepción cuando termines y nos vamos. ¿Por qué
lo haces, por qué les mientes? ¿Cómo puedes hacerlo?
La sonrisa abandonó
su rostro, miró por una de las ventanas que dan al estacionamiento y me dijo
sin mirarme: Lo hago porque la gente no debería venir sin un conocimiento
previo, tal vez su intención es aprender un poco, pero no lo harán. Siempre que
voy a un museo encuentro con todo tipo de comentarios estúpidos y eso me
molesta. La gente va a los museos porque no tiene otra cosa que hacer, porque
creen que al entrar ganaran el status de intelectuales. Está bien que quieran
conocer pero no es como debería ser. Crees que lo que hago es inmoral o malo y
quizá sea así, pero míralo de esta manera; a los pobres se les olvidará lo que
les he dicho, no tiene caso preocuparse por ellos. No cogen los folletos que les
ofrecen. Cuando lo hacen sólo los hojean. Y si alguno de ellos creyó en lo que
dije y lo torna en verdad, tarde o temprano alguien lo afrontará y le
corregirá. Yo solo me divierto y puede que sea un pelado pero no ignorante, no
al menos en ciertos temas. Si llego a topar con alguien que realmente sepa que
le estoy engañando reiré con él. ¿Por qué? Porque sé que se estará riendo de mí,
porque sé que entenderá mis incoherencias y sabrá por qué está riendo. Eres muy
perceptivo e intuitivo. Diste con lo que hacía por eso me caes bien.
Ja! Estaba tratando
de distraerme y hubiese caído fácilmente si no estuviera bastante molesto.
Sé a qué te
refieres. Una vez fui con mis padres a Teotihuacan ¿o Teotihuacán? El caso es
que mientras subíamos a la pirámide del Sol un señor le decía a su hijo, que se
negaba a continuar; ¡Imagínate a los aztecas que construyeron esto! todos los
días tenían que subir y bajar. Mi padre rió y me miró muy divertido. La gente
puede ser desesperante y aun así no tienes porque joderlos más. Mírate, haces
lo que tanto te molesta, andas predicando pendejada y media. Además de haber
sabido que tanto te molestaba la gente que venía a pasar el rato ni te hubiera
llamado.
Jo! Perdona, no sabía
que pertenecías a ese grupo cuya lengua es la ignorancia supina. Lo dijo en
broma, lo supe porque rió cuando lo mencionó. Entonces que, le seguimos o nos
vamos. Pues yo quiero terminar de ver. Jo! Vamos pues.
El resto del
recorrido fue menos tedioso. Llegamos a la parte de No Grupo y se volvió hacia mí.
Esto es precisamente lo que me molesta… de estos tipos no sé nada realmente,
tengo una vaga idea pero lo único que veo son collages, figuras recortadas,
frases, manchones…( ). Se quedó viendo
la imagen de un luchador. Alfredo Núñez el artista desalmado, Rubén Valencia
el destripador de la crítica. Ja! Vaya que eran originales pensé.
Julio me decía que
el arte estaba definido por su calidad de innovación en técnica, de cambio y
capacidad de emocionar a quien lo estuviese estudiando. Cada vez que le
preguntaba directamente sobre la definición de arte se ponía serio y negaba con
la cabeza. ¿Quieres saber qué es arte? ¿Ahorita? ( ) No te puedo decir que es
porque yo no sé que es. Ja! Siempre con sus ambigüedades baratas. Me molesta
ese tipo de personas que se dan aires de grandeza y que cuando quieres su ayuda
se niegan alegando que no son capaces o los adecuados para la tarea.
Lamentablemente ese imbécil era mi hermano.
Manuel no tardó en
encontrar la forma de divertirse nuevamente. Cada vez que encontraba un
extintor en las esquinas sacaba su cámara y decía en voz alta; Ve esto, es
sublime, grandioso. Y no dejaba de molestar hasta que accedía a tomarle una
foto junto al extintor. De alguna manera entendía la gracia que le causaba
aquello. En un sala que habíamos pasado sin prestarle mucha atención, se
encontraba un extintor verde sobre una vitrina, Manuel lo señaló y juntos
reímos de aquello. Era burlesco porque era de color verde. Mi primera impresión
fue que no se trataba de un extintor, pero al acercarme leí claramente las
instrucciones de uso. Vaya, se tomaron muy a pecho eso de enfrentar los
paradigmas, bromeó Manuel. El colmo fue cuando hallamos al papa de los
extintores, era una cosa como de seis kilos o algo así. Manu se partió de risa
y no tuvimos más remedio que salir.
Saqué de mi
bolsillo al Guardián entre el Centeno y continué leyéndolo; la parte donde
Holden da con su hermana es muy divertida, la escena donde bailan la imagino en
todas su formas. Siento lástima de que no exista alguna película basada en la
pequeña gran obra de Salinger, aunque eso significará que no me gustara el
film, de alguna manera más gente tendría conocimiento de su existencia.
La muerte de Salinger me afectó. No digo que llorará o algo por el
estilo. Mi contacto con él fue solo a través de su pocos cuentos. Es tan solo
que en los periódicos encontrabas, con suerte, una pequeña semblanza de su vida
y ya. Nada que ver con Saramago o el Monsiváis. No es que no me agradaran, pero
por qué debía ser tan injusta la relevancia de la muerte entre escritores tan
memorables. Hasta cierto punto Salinger fue uno de esos escritores que él mismo
Holden intentaría contactar después de leerlo.
Jo! ¿Aun no
terminas con Cauldfield? No era burla. Era más como una forma de decir; “Yo
también lo estoy leyendo”.
Jo!
Jo qué.
Jo, pues que ese
Jo! Es de Holden, no tuyo.
Ah! Como si tú no
hubieras imitado a algún personaje antes.
Su celular sonó.
Qué pedo cabrón, dónde andas wey. (
)¡No pues chingale! Colgó
¿Y ahora qué?
Pues que vamos a
casa de mis padres y ahí alcanzamos a los tuyos, el pinche Julio dice que está
cerrada la pinche avenida, que por eso tardó. No me jodas, ni si quiera pide
disculpas ese wey, sólo se excusa. Tengo un primo pendejo.
Jo!
… . ¿Jo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario