miércoles, 23 de mayo de 2012

Y ahora qué?


¿Y ahora qué?

Luis Y. Alonso

Era tarde, llevábamos horas en el subterráneo comiendo pollo frito y sorbiendo un líquido que poco a poco ganaba temperatura. Cada uno se preguntaba por qué no nos habíamos quedado sentados junto a la maquina refil en lugar de continuar la marcha. Ahora ahí nos descubríamos detenidos en el final del viaje, masticando el pollo, sudando y aliviando la sed con agua sabor a cola.

Manuel tosió secamente, los trocitos de comida en su boca fueron expulsados de manera violenta. Les vi, en una especie de slow motion, girar sobre si hasta estrellarse en el saco de un hombre. Al parecer nadie se percató de aquello, ni Manuel, ni el hombre del saco. Sólo los trocitos de pollo y yo sabíamos lo que había pasado.

Jo! ¿A caso este cabrón no piensa venir? Se nos va hacer tarde.
Le miré de reojo. No estaba molesto, fingía en todo momento; cuando no era su estado de ánimo era su estado físico. Una vez le pregunté por qué lo hacía. Sonrió y me preguntó si confiaba en él. Le dije que no lo haría mientras no me dijera porqué fingía todo el tiempo. Puso una cara solemne y mientras tocaba mi hombro dijo: Esa es la razón. Pensé que me tomaba el pelo, pero con el tiempo lo entendí.

Por la mañana nos dimos una vuelta al Museo de Arte Moderno, pagué una botella con agua, un boleto del metro para Manuel y su entrada. Julio no quiso acompañarme así que llamé esa misma mañana al Manu. La condición fue simple, yo pagaba su entrada y el iría conmigo. Más tarde reparé que también fue el pollo frito, el refresco, tres boletos del metro y una aspirina. Como sea no me molestó.

Al llegar al museo Manuel se recargó en el módulo de recepción y sobó su rodilla. Supe inmediatamente que no existía molestia en su articulación. Antes de poder reclamarle ya estaba sentado junto a la recepcionista. Le observé largamente hasta que se decidió a dejar en paz a la chica que, claro, ya no lo aguantaba.

La verdad es que había ido sin ningún motivo, cosa rara, sin esperar recibir algo a cambio o tener que hacer algo por ello. No, solo fui a ver y eso es lo que hice. Manuel se paraba frente a cada cuadro, escultura o escena con el compás de las piernas no muy abierto, una pierna frente a otra y con los brazos cruzados se inclinaba hacia atrás o adelante. A la menor provocación se volteaba y me daba su veredicto. Era curioso porque él creía encontrar el motivo real de cada pieza, no solo se limitaba a hablar, también hacía gestos con las manos, señalaba los puntos importantes, según él, e impedía a toda costa que sus palabras fueran desapercibidas para cualquiera que estuviese cerca. Maldito farol pensé.

Conforme avanzábamos se volvía más y más quisquilloso en sus comentarios. No importase que un guía del museo explicara, a los visitantes, a grosso modo el estilo de la obra o el pintor. Manuel tenía que interrumpir y señalar lo errores que a su consideración eran terribles en un guía de museo. Sinceramente me sorprendía al ver como las personas se miraban impresionadas por el conocimiento de aquel joven. Ja!

No tardé en pillarle el juego. Sabía que a Manuel le gustaba toda esa onda del dibujo. Estudiaba en la ENAP Diseño y Comunicación Visual, pero no hablaba mucho de ello. Usualmente  platicaba sobre política y ese tipo de cosas un tanto obvias y aburridas, pero nunca de arte, exposiciones o música. Daba la impresión de que a veces solo decía que iba a la escuela para mantener bien firme la mentira frente a sus padres. El punto es que no tenía porque no saber acerca de esas cosas y tampoco tenía porque saber mucho. Advertí que solo hablaba con más firmeza frente a los cuadros de Siqueiros, Orozco y Remedios Varo, su excitación era percibida fácilmente. Contrario era lo que sucedía frente a Frida Kahlo y en general el resto del museo. Maldito culero pensé. Estaba jugando y nadie, salvo yo, lo sabía.

Después de uno de sus arremetidas contra un incauto lo aparté de la gente. Le pregunté si el mismo se creía toda esa bola de patrañas que acababa de decir. Me miró sorprendido y rió quedamente. No eres estúpido, por eso te acompaño y me divierto contigo. Eres muy distinto a tu hermano. Claro que no soy estúpido, ¿creíste que me tragaría todo tu choro sobre el subsurrealismo social mexicano? Cómo crees que te verán cuando encuentres a alguien que realmente sepa de esto. No lo sé, seguramente se reirán de mi. ¿Y? Y qué. Y pues que harás. Pues reiré con ellos. Sabes, a veces pienso que mi hermano tiene razón cuando me dice que eres un pelado e ignorante. Jo! Jo qué. Jo pues que te enojaste nena. Mira, si no te late lo que hago puedes ver tranquilamente el museo sin mí, nos vemos en la recepción cuando termines y nos vamos. ¿Por qué lo haces, por qué les mientes? ¿Cómo puedes hacerlo?

La sonrisa abandonó su rostro, miró por una de las ventanas que dan al estacionamiento y me dijo sin mirarme: Lo hago porque la gente no debería venir sin un conocimiento previo, tal vez su intención es aprender un poco, pero no lo harán. Siempre que voy a un museo encuentro con todo tipo de comentarios estúpidos y eso me molesta. La gente va a los museos porque no tiene otra cosa que hacer, porque creen que al entrar ganaran el status de intelectuales. Está bien que quieran conocer pero no es como debería ser. Crees que lo que hago es inmoral o malo y quizá sea así, pero míralo de esta manera; a los pobres se les olvidará lo que les he dicho, no tiene caso preocuparse por ellos. No cogen los folletos que les ofrecen. Cuando lo hacen sólo los hojean. Y si alguno de ellos creyó en lo que dije y lo torna en verdad, tarde o temprano alguien lo afrontará y le corregirá. Yo solo me divierto y puede que sea un pelado pero no ignorante, no al menos en ciertos temas. Si llego a topar con alguien que realmente sepa que le estoy engañando reiré con él. ¿Por qué? Porque sé que se estará riendo de mí, porque sé que entenderá mis incoherencias y sabrá por qué está riendo. Eres muy perceptivo e intuitivo. Diste con lo que hacía por eso me caes bien.

Ja! Estaba tratando de distraerme y hubiese caído fácilmente si no estuviera bastante molesto.
Sé a qué te refieres. Una vez fui con mis padres a Teotihuacan ¿o Teotihuacán? El caso es que mientras subíamos a la pirámide del Sol un señor le decía a su hijo, que se negaba a continuar; ¡Imagínate a los aztecas que construyeron esto! todos los días tenían que subir y bajar. Mi padre rió y me miró muy divertido. La gente puede ser desesperante y aun así no tienes porque joderlos más. Mírate, haces lo que tanto te molesta, andas predicando pendejada y media. Además de haber sabido que tanto te molestaba la gente que venía a pasar el rato ni te hubiera llamado.

Jo! Perdona, no sabía que pertenecías a ese grupo cuya lengua es la ignorancia supina. Lo dijo en broma, lo supe porque rió cuando lo mencionó. Entonces que, le seguimos o nos vamos. Pues yo quiero terminar de ver. Jo! Vamos pues.

El resto del recorrido fue menos tedioso. Llegamos a la parte de No Grupo y se volvió hacia mí. Esto es precisamente lo que me molesta… de estos tipos no sé nada realmente, tengo una vaga idea pero lo único que veo son collages, figuras recortadas, frases, manchones…(   ). Se quedó viendo la imagen de un luchador. Alfredo Núñez el artista desalmado, Rubén Valencia el destripador de la crítica. Ja! Vaya que eran originales pensé.

Julio me decía que el arte estaba definido por su calidad de innovación en técnica, de cambio y capacidad de emocionar a quien lo estuviese estudiando. Cada vez que le preguntaba directamente sobre la definición de arte se ponía serio y negaba con la cabeza. ¿Quieres saber qué es arte? ¿Ahorita? (                    ) No te puedo decir que es porque yo no sé que es. Ja! Siempre con sus ambigüedades baratas. Me molesta ese tipo de personas que se dan aires de grandeza y que cuando quieres su ayuda se niegan alegando que no son capaces o los adecuados para la tarea. Lamentablemente ese imbécil era mi hermano.

Manuel no tardó en encontrar la forma de divertirse nuevamente. Cada vez que encontraba un extintor en las esquinas sacaba su cámara y decía en voz alta; Ve esto, es sublime, grandioso. Y no dejaba de molestar hasta que accedía a tomarle una foto junto al extintor. De alguna manera entendía la gracia que le causaba aquello. En un sala que habíamos pasado sin prestarle mucha atención, se encontraba un extintor verde sobre una vitrina, Manuel lo señaló y juntos reímos de aquello. Era burlesco porque era de color verde. Mi primera impresión fue que no se trataba de un extintor, pero al acercarme leí claramente las instrucciones de uso. Vaya, se tomaron muy a pecho eso de enfrentar los paradigmas, bromeó Manuel. El colmo fue cuando hallamos al papa de los extintores, era una cosa como de seis kilos o algo así. Manu se partió de risa y no tuvimos más remedio que salir.

Saqué de mi bolsillo al Guardián entre el Centeno y continué leyéndolo; la parte donde Holden da con su hermana es muy divertida, la escena donde bailan la imagino en todas su formas. Siento lástima de que no exista alguna película basada en la pequeña gran obra de Salinger, aunque eso significará que no me gustara el film, de alguna manera más gente tendría conocimiento de su existencia.

La muerte de Salinger me afectó. No digo que llorará o algo por el estilo. Mi contacto con él fue solo a través de su pocos cuentos. Es tan solo que en los periódicos encontrabas, con suerte, una pequeña semblanza de su vida y ya. Nada que ver con Saramago o el Monsiváis. No es que no me agradaran, pero por qué debía ser tan injusta la relevancia de la muerte entre escritores tan memorables. Hasta cierto punto Salinger fue uno de esos escritores que él mismo Holden intentaría contactar después de leerlo.
Jo! ¿Aun no terminas con Cauldfield? No era burla. Era más como una forma de decir; “Yo también lo estoy leyendo”.

Jo!
Jo qué.
Jo, pues que ese Jo! Es de Holden, no tuyo.
Ah! Como si tú no hubieras imitado a algún personaje antes.

Su celular sonó. Qué pedo cabrón, dónde andas wey. (        )¡No pues chingale!         Colgó                                                                                            ¿Y ahora qué?
Pues que vamos a casa de mis padres y ahí alcanzamos a los tuyos, el pinche Julio dice que está cerrada la pinche avenida, que por eso tardó. No me jodas, ni si quiera pide disculpas ese wey, sólo se excusa. Tengo un primo pendejo.

Jo!

… . ¿Jo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario